Ha habido centenares de congresos en todo el mundo que llevaban el marchamo ‘jesuita’. Reunían a miembros de la Compañía de Jesús, a colaboradores, a invitados y, a veces, a una amplia audiencia sobre diversos temas relacionados con los compromisos de la Compañía. ¿En qué se diferencia el Congreso del 50º Aniversario del Secretariado para la Justicia Social y la Ecología de tantos otros? Es porque estuvo marcado por el nuevo modo de proceder en los encuentros jesuitas, promovido por la última Congregación General, la de 2016.

Las dimensiones de información, investigación y el compartir experiencias que formaron parte de cualquier encuentro internacional de alta intelectualidad se entretejieron en una atmósfera espiritual, bañada en oración. Por lo tanto, una parte importante de la satisfacción de los participantes en el congreso del SJES proviene del hecho que el encuentro dejó espacio y tiempo para la oración. El programa oficial incluyó media hora de oración para comenzar el día. Cada Conferencia, a su manera, tuvo la oportunidad de ayudar a la asamblea a orar. La Eucaristía diaria es sencilla, pero también refleja la diversidad de culturas tan típica de la Compañía de Jesús del siglo XXI.

Además, el programa incluyó momentos de oración vividos y animados por grupos lingüísticos en varias capillas de la Curia. Y los intercambios en pequeños grupos – fueron 15 – se realizaron según el método de la “conversación espiritual”, una práctica que fomentó la escucha y la oración en lugar de la discusión. Todo ello dio un tono, un color al Congreso. Las diferencias ya no son obstáculos; la unión de mentes y corazones está garantizada por la comunión fomentada por la oración.

Por ejemplo, América Latina dirigió la oración del lunes por la mañana. Se centró en la memoria de varias de las figuras importantes de los últimos 50 años, la mayoría de ellas “mártires” del compromiso por la justicia y la reconciliación: Pedro Arrupe, Ignacio Ellacuría, Rutilio Grande, Alberto Hurtado, Franz van der Lugt, Berta Cáceres. Entre cada nombre, la congregación cantaba: “Danos un corazón, grande para amar, danos un corazón, fuerte para luchar”. Al día siguiente, la Conferencia de Canadá y Estados Unidos invitó a un “examen” al modo ignaciano, que hacía preguntas relacionadas con las Preferencias Apostólicas Universales: ¿Con quién estamos invitados a caminar, a reconciliarnos, a quién estamos llamados a defender? ¿Y qué estructuras pedimos al Espíritu Santo que nos ayude a transformarlas, en nuestras Provincias jesuitas, en la Compañía de Jesús, en la Iglesia y en el mundo? El miércoles le tocó al Asia meridional proponer una oración sobre el tema del cuidado de la “casa común”, con la ayuda de símbolos religiosos con color de esta parte del mundo y expresados a su manera.

En resumen, el Congreso del 50º Aniversario de la SJES fue una experiencia fuerte por la calidad de los ponentes y las oportunidades de intercambio que ofreció, pero también – y de manera igualmente central – porque estuvo iluminado por la oración.

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Fuente: Secretariado para la Justicia Social y la Ecología