A horas de celebrarse la canonización de Monseñor Óscar Arnulfo Romero Galdámez, la Oficina de Comunicación Institucional de la CPAL entrevistó a Roberto Cuéllar, Director de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI) de El Salvador, quien tuvo la fortuna de trabajar muy de cerca con "San Romero de América".
Monseñor Romero, es conocido por su defensa de los derechos humanos y por haber sido asesinado durante la celebración de una misa en la capilla del hospital Divina Providencia (El Salvador), en sus homilías dominicales manifestó en público su solidaridad hacia las víctimas de la violencia política de su país.
Aquí compartimos todo lo que Cuéllar contó sobre su vivencia con el arzobispo salvadoreño, quien será canonizado este domingo 14 de octubre en una ceremonia en el Vaticano, donde se tiene previsto que asistan 70.000 peregrinos de diversas partes del mundo.
1. ¿Cómo conoció y qué trabajo hacía junto a Mons. Romero?
Tuve la dicha enorme de servir al cuarto arzobispo de San Salvador, don Óscar Arnulfo Romero Galdámez desde finales de marzo de 1977 hasta el fatídico 24 de marzo de 1980. Nada que denunciara o que tuviera en proyecto incorporarlo como hechos de la semana y de la realidad nacional; hechos como atropellos a la dignidad y a la vida, a la justicia y a la integridad de las personas… Todo lo dejaba pasar a revisión, a confrontación y a investigación fehaciente por parte del Socorro Jurídico del Arzobispado que tuve la dicha de dirigir.
Asesinatos, desapariciones, casos graves de tortura, cárceles arbitrarias, huelgas reprimidas, persecución abominable, graves problemas labores y sindicales, expulsión violenta de tierras campesinas, fraudes y desajustes electorales, expulsión y encarcelamiento de sacerdotes y religiosas, líderes sociales y campesinos. Todo pasó por ese grupo de jóvenes abogados y estudiantes avanzados de inspiración cristiana que le acompañamos desde marzo 1977 hasta marzo de 1980. Y le acompañamos en momentos claves, como en mayo de 1978 cuando denunció la corrupción judicial y en octubre del 79 cuando a partir del cambio abrupto de gobierno por un golpe de estado que consumaron jóvenes militares y civiles de orientación humanista y progresista. El arzobispo decidió abrir los casos de desaparición forzada ante las víctimas y ante la sociedad salvadoreña.
En marzo del 80, también tuve la obligación de él y lo hice con toda gratitud de acompañarlo en la última homilía completa que él hizo en la basílica del Sagrado Corazón de Jesús, su devoción fiel. En esa basílica, él proclamó el famoso mensaje de no cumplir la ley moral, cualquier ley inmoral es injusta, y convidó a las bases del ejército de dejar de cumplir la orden de matar.
Toda nuestra relación comenzó cuando él buscaba apoyo en el Foro Jurídico de abogados experimentados, a consecuencia del asesinato cruel del P. Rutilio Grande García, sacerdote jesuita. Él no quería exponer a la juventud, al alto riesgo de representar a la Iglesia frente al abominable asesinato de investigación de los responsables de la muerte del P. Rutilio, pero no encontró nunca otra opción, no lo apoyaron.
Monseñor se resistía a tener jóvenes que estuvieran expuestos a lo grave de la situación, pero afortunadamente de manera audaz en aquel momento nos valíamos de ciertas sorpresas; los jesuitas nos pidieron que fuéramos representar a la iglesia en la inspección del P. Rutilio Grande y fuimos, pero lamentablemente al día siguiente apareció en los periódicos en primera plana “abogaditos comunistas, jóvenes representan a la iglesia en la inspección del P. Rutilio Grande”.
2. ¿Qué fue lo que más le impactó y le dejó Monseñor Romero?
En primer lugar la satisfacción plena del deber cumplido ante la injusticia. Es el anhelo, es el sueño, es el ideal de quienes fuimos formados por el humanismo cristiano con sentido social y en segundo lugar, la satisfacción del deber cumplido a temprana edad como primera experiencia profesional entre la sangre y el fuego de la época para defender derechos, sin que nos los impusiera el deber injusto. Tuvimos la fortuna de ser vistos con primor, con cariño y solidaridad por el Arzobispo para cumplir metas que ni siquiera teníamos en nuestro horizonte en aquel momento.
Con el arzobispo defendimos en el terreno de la sangre y el fuego los derechos de personas, la mayor parte campesinos y obreros que acudían a él por un mensaje de fe y de esperanza, y nosotros de respaldo y representación ante la injusticia.
En tercer lugar, la satisfacción del deber cumplido junto a un ser humano excepcional y misericordioso. Nos demostró que no se necesita ser revolucionario para cambiar el estado injusto de la condición inhumana y miserable, solo hace falta ponerse radicalmente del lado de los pobres y los perseguidos, solo hay que escucharle atentamente y animarle a organizarse.
Monseñor Romero, lo que quiso fue darles aliento y respaldo, darles su púlpito para que nunca nadie se olvidará de su identidad, de su dignidad y de su demanda humana. La teología del cambio, es lo que nos enseñó Romero desde la radicalidad de la bienaventuranza y de su propia dimensión política de la fe cristina que practicó durante su época arzobispal.
En el cuarto lugar, la satisfacción del deber cumplido con alguien excepcionalmente consecuente que no dudó en ir a vivir con los más pobres de los pobres al hospital de la Divina Providencia, donde están los enfermos terminales de cáncer, lo más pobres de los pobres.
3. Usted que trabajó en la caso del P. Rutilio Grande, ¿qué similitudes y conexión encuentra entre éste y Monseñor Romero?
De fuentes muy fiables sé que tanto Monseñor Romero como el P. Rutilio Grande tenían una amistad de la cual existe registro, pero principalmente la coincidencia de pensamientos valerosa, viva y coherente de ambos.

Roberto Cuéllar
4. Sabemos que viajará al Vaticano, ¿cuál es su sentimiento ante la canonización de Mons. Romero?
Vamos al Vaticano, invitados por la Iglesia. Vamos a la ceremonia agradecidos con la generosidad de nuestro pueblo y de nuestra Iglesia. Voy con un sentimiento de fe y de esperanza, por un mejor futuro para El Salvador. Sin embargo, espero que no se queden solo en la veneración porque no solo basta rezar.
La vida cotidiana de las mayorías populares salvadoreñas es hoy verdaderamente devastadora. Siguiendo a Monseñor Romero, hoy Santo, creo que se deben edificar casas de la justicia social para los desvalidos y despreciados, y a su vez una enseñanza continua para toda la vida. No hay que pedirle solo a las instancias educativas, sino dentro de la misma iglesia ir preparándolo. Hay que preparar a los seminaristas y a las religiosas en las enseñanzas del magisterio de Romero, esto está en la mira de la iglesia propia.
Quisiera ver obras concretas como un gran despliegue de lo que fue su respaldo total y pleno al Socorro Jurídico del Arzobispado. Con pocos recursos, con pocos colegas y poco respaldo... nada más que el de los jesuitas y del propio Arzobispo Romero inclusive con las criticas de la conferencia iglesia, se logró acaparar todas las demandas judiciales, administrativas, civiles, agrarias para la mayoría de los salvadoreños, por que no puede ser eso ahora imitado, ese es el anhelo espero sea concretado para el pueblo salvadoreño.
Compartimos parte de la homilía de Monseñor Óscar Romero del 14 de mayo 1978
https://www.youtube.com/watch?v=2Rs5Wts1a_o
Oficina de Comunicación Institucional de la CPAL.