El debate acerca de la condición social de la mujer adquirió carta de naturaleza en la Iglesia Católica merced a los impulsos renovadores del Concilio Vaticano II. Los padres conciliares constataron la relevancia del cambio operado con la incorporación activa de la mujer a los diversos campos de la vida social, a la vez que alentaban a la sociedad para que reconociera plenamente el papel que a las mujeres les corresponde1. Sin embargo, la condición social de la mujer ya no era un problema nuevo en la época del Concilio ni la Iglesia le había dejado de prestar atención con anterioridad, aunque se puede decir que hasta entonces lo hizo preferentemente en tono menor. Especialmente en los documentos de la Doctrina social de la Iglesia (en adelante DSI) y en otras intervenciones de carácter social emanadas del Magisterio pontificio en los últimos cien años, se observa una importante evolución cuantitativa y cualitativa en el tratamiento doctrinal de esta cuestión.